Google PlusFacebookTwitter

Enseñar y aprender

By on Ago 22, 2011 in ley de permitir | 0 comments

Share On GoogleShare On FacebookShare On Twitter

Hola a Todos

Sinceramente creo que no hay mejor manera de aprender que enseñando, de tal manera es así que se dificulta distinguir realmente quien enseña y quien aprende. Este estado de aprendizaje-enseñanza es una catapulta para quien pretende volver a casa.

Me han preguntado si enseño lo que aprendo y mi respuesta fue que… no. Aunque parezca raro lo que digo, en realidad aprendo lo que enseño. Si tomamos como enseñar un acto de dar, estoy aprendiendo debido a que enseño.

Este acto de enseñar está directamente ligado al servicio a Todos, de ninguna manera nos podemos considerar maestros en el sentido literal de la palabra debido a que es un acto de servicio, el dar primero trae como respuesta el recibir y es así que no se distingue quien aprende y quien enseña. En todo caso somos maestros de lo Divino, de la Fuente que todo da, porque solo aprendemos de la Divinidad.

Ya hemos dicho que no hay elegidos para el Universo, entonces como es posible pensar que alguien sabe más que otro, sería lo mismo que creer que hay elegidos para la riqueza y la prosperidad, pensar así es demencial. Nuestro intelecto en el afán de reconocer como “entendible” algo de lo que nos sucede, busca llevarnos a su cántaro para colmarlo, esa es una ilusión, es una mentira aceptada.

Enseño para aprender y no para darle a mi intelecto saciedad. Es lo mismo que sanar; no sano para que otros sanen, sano porque estando sano otros sanan, que no es lo mismo. Un maestro de lo Divino enseña para estar cada vez más cerca de casa y no para alimentar su ego, solo dice lo que dice en su conexión con lo Divino que es la única Fuente, nada parte de el mismo, es hacedor en cuanto sabe “quien es” pero no es hacedor por si mismo, sino para si mismo, que no es lo mismo.

Cada quien cosecha lo que siembra, cada quien cosecha para si mismo aunque parezca que no, la variable en este caso es que cada acto nuestro tiene relevancia en el mundo, aunque no nos percatemos de ello, cada pensamiento nuestro modifica el entorno y nunca el entorno modifica nuestros pensamientos. Los sentidos dicen lo contrario, pero también es cierto que los sentidos solo abarcan una pequeñísima franja del espectro de percepción.

El acto de enseñar trae otros pensamientos colaterales. Uno jamás puede enseñar lo que no sabe y como lo único que sabe es la Divinidad, el acto de enseñar en este contexto es un acto divino. Cuando enseñamos, mostramos al mundo no nuestro saber que es propio del intelecto y del ego, sino nuestra conexión con la Fuente y es ahí donde se produce el corte entre lo comúnmente aceptado por maestro y alumno. Aquí el maestro es alumno porque nadie puede dejar en esta vida de recibir lo que da.

Cada vez que alguien enseña trivialidades recibe eso. Cuando nos transformamos en maestros de lo Divino, recibimos Divinidad.

Toda vez que nos encontramos con alguien a quien no le tenemos cariño o por decirlo de alguna manera, nos molesta; se transforma en maestro si es que aceptamos que esta persona  o circunstancia nos está develando una enseñanza al reconocernos co-creadores, entonces en lugar de enojarnos, es más productivo ver en nosotros que está pasando que percibimos de esa manera a esta persona o circunstancias.

Hay grandes maestros conviviendo con nosotros y no son justamente aquellos que hayan alcanzado la iluminación. Saber aprovechar el instante del ahora nos lleva a ver cuan responsables somos de nuestra vida. Nada ni nadie es culpable de nada, tampoco nosotros, solo actuamos en este teatro llamado vida y que, a pesar de ser tan ilusorio le damos tanto valor de verdad.

Lo Divino enseña, nosotros somos su expresión. Nos muestra a cada instante y en cada momento nuestra potestad por ser su expresión.

Enseñar es mostrar y el Universo al mostrarse en su grandeza es el perfecto Maestro y nosotros los perfectos alumnos que cuando enseñamos mostramos no nuestra grandeza sino la del Todo en nosotros.

La certeza, la fe, la sabiduría, la voluntad, el atreverse y la valentía son los pasos a seguir cuando pretendemos enseñar algo, lo demás es ilusión. La Verdad no se esconde ni está oculta, no es para algunos pocos privilegiados. ¿No lo ves? Pues entonces deberías preguntarte porque.

Gracias a Todos

Juntos con Amor Divino

[email protected]

Victor

Google+